#27A La generación equivocada

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#27A. #EstamosAquí. Desde abril escuché la consigna: “se metieron con la generación equivocada”, y si algo debemos a estos políticacos corruptos fue habernos dado la oportunidad de saber que podíamos, si queríamos, hacer erupción.

Somos la generación equivocada pues hemos hecho algunas cosas al revés. Para principiar, quisimos ver de frente a la historia. La estamos cuestionando a más no poder. Todavía nos falta mucho por recorrer, pero de alguna manera, sabemos que no la vamos descubriendo con el horror y la ira de nuestros hermanos mayores o nuestros padres. Nos causa espanto, las huellas de su intenso odio siguen frescas a nuestro alrededor,  pero lo hacemos para buscar en esa obscuridad que todos llevamos dentro algo de luz.

Nos toca vivir el trauma. Quizás a los que nos sigan les toque, por fin, sanar. Muchos de nuestros padres no contaban con que todo comenzaría a ir demasiado rápido, y que nos sumergiríamos en algo como el internet, y que de algún modo u otro sus esfuerzos por olvidar una guerra iban a desbaratarse.

Pero el espanto de la guerra, como de la colonia, sigue aquí. La actual corrupción y la injusticia (la desigualdad, la violencia y demás compañía) de Guatemala vinieron de allí.

A la generación que nos antecede le estremece porque atenta contra la comodidad y la estabilidad por las que se esforzaron tanto. Y nosotros, escribo desde mi condición de clasemediero, parecemos unos desagradecidos y unos equivocados.

Pero acaso este año hemos aprendido más sobre nosotros mismos en las redes y en las calles que en la escuela o la universidad.

Entonces les parecemos unos engreídos porque tratamos de dar teorías económicas y visiones histórico políticas del presente, no sin cierta ingenuidad.

Quiero pensar que en el fondo están orgullosos de nosotros, de este intento de  valentía que nos ha hecho organizarnos y salir a la calle para clamar por nuestro derecho a la justicia. Ellos quisieran haberla tenido.

Quizás nuestra mayor debilidad sea el ego y el hedonismo, pero nos sobra un deseo grande por hacer del mundo un mejor lugar para todos, por usada que suene la frase.

Tal vez nos hemos atiborrado la boca de hashtags y humor algo cínico. Y aunque nos falta coherencia, estamos comprometidos con diversidad de causas. Puede que hoy sólo haya sido la coyuntura, pero ésta nos ha demostrado que pocos no somos.

Es cierto que aún nos falta ser más reflexivos y consecuentes, y que hay todo un aparato intelicida que nos acecha desde los medios. Pero crecimos en el discurso intercultural, en la tecnología y la comunicación. Aunque seamos unos críticos llevalacontraria de mierda todo el tiempo, creo que sabemos escuchar. Puede que también seamos individualistas y afanosos de gloria, pero a la vez nos atrae hacer las cosas en equipo, nos encanta compartir ideas y construir proyectos juntos. Somos código abierto. Nos preocupa el mundo. Y tal vez porque nos cansamos de las viejas instituciones y mentalidades, nos metimos, sin saberlo, en lo político.

Tenemos hambre por recuperar y valorar los múltiples sentidos que nos conforman. Quizás en mucho tiempo no hubo en este país toda una generación que se sintiera plena de lo que está hecha. No nos avergonzamos de ser.  Nos indignamos por lo que otros hacen con lo que son.

Estamos bajando, queremos saber qué hay enterrado debajo de nuestra piel. Sin darnos cuenta nos volvimos forenses y arqueólogos. Tal vez no lo hagamos con el rigor necesario, pero es que estamos aprendiendo en youtube.

Tendrán que acostumbrarse a nuestros gritos y equivocaciones.

Y no es por llevárnoslas de progres, pero nos hartan las dicotomías. Especialmente esa de los dos bandos confrontados, no nos parecen reales, aunque nos interesa conocerlos a fondo y presumir que sabemos de sobra que las izquierdas son retrógradas, las derechas son inhumanas y los centros cobardes, y que se ven absolutamente ridículos cuando escupen en contra de los otros.

Nunca hemos asegurado  que estamos preparados para el futuro, los retos en realidad también nos atemorizan.

Pero si algo nos ha enseñado estar equivocados, es que sin la apertura, el ánimo de colaboración , la creatividad y el ingenio que nos ha caracterizado, tal vez no seríamos tan valientes como lo estamos siendo hoy.  Tal vez no vamos a romper con todos los paradigmas, pero al menos ya comenzamos a destrozar uno de los más importantes: el miedo.

Sin importar la edad, hoy que es #27A nos dimos cuenta que reclamar por justicia va más allá de un situarse en la ideología del tibio, el cálido o el frío. No se trata de hacer renunciar a un presidente. Los hospitales están desabastecidos, un gran río fue envenenado, siguen habiendo niños muriéndose de hambre…  Estamos posicionados en nuestro derecho y nuestra responsabilidad cívica y colectiva, no en una teoría económica. Nos encabrona, más que la corrupción, las oportunidades que le han quitado a este país con su cinismo, egoísmo y avaricia.

No se detiene el país por un día o dos. De hecho, se está moviendo. Su catatonia ha durado décadas, al menos respecto a una clase media adormecida (hay otros esfuerzos, como los de los pueblos indígenas, que han durado siglos). Obviamente no será suficiente haber salido a las calles. Esto exige meterse a la matrix y desbaratarla creativamente desde adentro, luchando contra el riesgo de ser absorbidos. Pase lo que pase, hoy estamos aquí y seguiremos presentes, pues “se metieron con la generación equivocada”.

Ver más: Guatemala exige renuncia de presidente

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