¿La vieja guardia?

Milpa

Hace algunos días tuve la oportunidad de participar en un encuentro junto a otros jóvenes que, activos desde diversos espacios, trabajan por un cambio social y político. Uno de los principales temas fue el de la necesidad de entablar diálogos intergeneracionales. Después de todo, la llamada “vieja guardia” ha andado más camino.

Aunque las recientes elecciones en Guatemala evidencias un enraizado conservadurismo (incluso en la misma juventud), las plazas llenas demostraron, por contrapeso, una energía con la que muchos jóvenes nos sentimos identificados. Segmentando, bastante se ha dicho acerca de estos “universitarios”, “de clase media”, “urbanos” (autocrítica muy constructiva que no dejamos de hacernos) que salieron y seguirán saliendo a la calle, encontrando en las redes sociales la posibilidad de compartir, aprender e informarse; mucho más críticos y fiscalizadores, y que desde sus respectivos campos de participación, a lo largo del país, están accionando o reuniéndose en colectivos, grupos u organizaciones con las que desean dar un siguiente paso hacia una madurez política y ciudadana. Una rebeldía menos ideologizada y sí más autocrítica asumió la indignación como un valor contra la indiferencia a la injusticia. No tan ingenuos como parecemos, sí que somos conscientes de nuestra “inexperiencia”.

¿Pero de dónde surge este despertar juvenil? Sin ánimos de dar una respuesta unívoca, a muchos nos antecede una generación que en su mayoría, -afortunadamente no todos- por el peligro de las circunstancias sociales, no pudo ser crítica, tuvo miedo, si no terror, y  creció en una guerra que la obligó a dividir la sociedad y casi al cosmos entero en dos ideologías recalcitrantes y en choque. Sin embargo, una vez convertidos en padres, tuvieron las agallas para soportar, trabajar y sacar adelante a sus familias en un contexto en el que dizque se alcanzó la paz. Para muchos de ellos el olvido fue una solución, a largo plazo inútil.

Creo que hay un diálogo pendiente para nosotros: nuestros padres. Porque a lo mejor lo que ellos tienen por contarnos está lleno de rabia y dolor. No es una batucada, pero es memoria. A ambos nos asusta abrir ese archivo y discutirlo.

Este, el más doméstico, es uno de muchos diálogos que nos esperan. Tampoco podemos ignorar o desvincularnos de otras voces y acciones que desde otros espacios -y edades- han estado indignados y en rebeldía desde hace mucho más tiempo. Aparte de confluir en acciones específicas que polinicen a una masa crítica que cada vez sea más grande y consciente, y menos zombie, dirían por allí  (tema para después ¿cómo lograrlo?), “Se metieron con la generación equivocada” es una consigna que puede resultar contraproducente si esta juventud no teje vínculos –críticos- con las experiencias que se plantaron antes de su despertar: luchas indígenas, activistas de toda una vida, defensores de territorios, organizaciones comunitarias…

De allí que es necesario seguir abriendo espacios donde se produzcan encuentros entre generaciones y procedencias. Discutirnos el presente (donde no deja de estar presente el pasado) y donde la Capital hable con Toto, donde Ixcán hable con Xela, donde Barillas hable con Mixco, etc. Necesario es compartir vivencias si lo que se quiere es accionar con eficacia en un panorama que sigue en sombras. Una conclusión del encuentro es que no existe nueva o vieja guardia. Sólo existen ganas de justicia, empatía y amor. Y allí sobra luz.

Artículo publicado en La Cuerda No. 184, noviembre-diciembre 2015.

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