Xibalbaica I

Para muchas culturas la muerte no es una antítesis de la vida. No es, en ningún caso, un fin. Mas bien se trata de un nuevo estado de la existencia, necesario para que ésta siga desenrollándose. Como una espiral, muerte y vida juegan a la pelota, se la pasan una y otra vez. Germinan cada vez que se encuentran. Bien dicen que cada final es un nuevo comienzo, y todo lo que empieza tiene que acabar. Leo la parte mítica del Popol Wuj como una metáfora de esa relación.

Así como todo ser vivo está muriendo, los muertos están latentes, y no muy lejos. Están aquí. De allí que en la literatura maya, oral y escrita, antigua y contemporánea, sea común encontrar esa relación entre la muerte y el viento, la tierra, la piedra, los abuelos, la memoria y los espíritus traviesos. Todos ellos simbolizan la presencia del pasado en el presente, su perenne manifestación que indica caminos, señala errores, advierte desgracias o entrega consejos y sabiduría.

El gran temor no es morir, sino “desaparecer”. Desaparecer equivale a no dejar rastro en la existencia, extinguirse totalmente del universo, transformarse en olvido y no dejar un legado que pueda ser recordado o que detone nuevamente a la vida. En el Rabinal Achi, el guerrero de Rabinal no amenaza a su contrincante k’iche’ con matarlo, sino con desaparecer su tronco y su raíz. En el Popol Wuj, el Xibalba pre-amanecer no sólo es el lugar del miedo, es el lugar de la podredumbre, donde no germina nada. Hasta que los hermanos héroes derrotan a los señores malvados que tienen “tapada” a la muerte, morir deja de ser el descenso infructuoso de la vida, transformándose en algo maravilloso: posibilidad, amanecer y ciclo. De modo que Xibalba también se convierte en el lugar de la germinación y la existencia.

Entonces retoñan las cañas de maíz, las semillas germinan, el sol y la luna empiezan a girar, surge el tiempo, los animales mueren… pero nacen otros. Esta victoria no es el nacimiento de la vida, la vida acaso ha existido siempre, desde que todo estaba en reposo y silencio. Es, de hecho, el nacimiento de la muerte. Y con la muerte la creación comienza a expandirse.

Me gusta pensar que estamos hechos de muerte, las partículas que nos conforman fueron alguna vez parte de otros seres, de otras estrella en este universo mortal en expansión, y que les volverá a tocar recorrer, una y otra vez, ese descenso al abismo.

 

 

 

 

 

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